Aymará Samudio

El hecho que Facebook, controlando Instagram y Whatsapp tenga dominio de casi todas nuestras interacciones online no es novedad para nadie. Que todos los expertos recomienden estar en dichas redes sociales y afirmar la presencia allí porque es donde se encuentra «el público objetivo», haciendo un largo listado de buenas prácticas y must do para que nuestro negocio pueda funcionar es también moneda corriente y la mayoría los sigue cual mandato divino.

Pero cuando un twittstar dice que hizo un detox de redes sociales y que lo recomienda porque ganó en tiempo para pensar y para estar más presente en su vida, hizo pensar a más de a uno (y a mí también).

https://twitter.com/esacrosa/status/1076602864921964545

Yo soy de las que investiga las herramientas para sacarles el mayor provecho posible y me lo tomo muy en serio. Pero también puedo caer en la trampa. Y caí. Me ví a mí misma encerrada en un esquema regular de publicaciones, haciendo mucho esfuerzo por aportar calidad y valor en lo que publicaba, pendiente de las notificaciones, comentarios y de las estadísticas de «engagement». Ocupándome de la estética, de la forma y del contenido. Todo para cumplir con las reglas del Dios Instagram y de su método de alcance e interacciones.

Siempre dije y sigo afirmando que no hay que forzar las cosas. Si no tenés nada en particular para decir, ¿Para qué vas a publicar? ¿Para seguir molestando en el timeline de la gente diciendo nada? ¿Para cumplir con una regla? ¿En serio?

Hasta que un día me cansé: Los corazones son de instagram, los me gusta son de Facebook y los seguidores son de Twitter. Y yo sentí que estaba trabajando para que ellos se lleven el tráfico, los datos y mi contenido, GRATIS.

Nuestro contenido, nuestras reglas

En este contexto, tener un espacio propio como plataforma de comunicación termina siendo el camino lógico. ¿Lleva mucho trabajo? Sí, lleva muchísimo trabajo, pero nos da la posibilidad de trabajar en nuestros propios términos. Problemas como sensura de contenido, de alcance, de comentarios inadecuados y otras cosas pueden gestionarse mejor bajo nuestras propias condiciones.

Y una cosa que quizás la mayoría no tenga en cuenta: Facebook ya lleva 15 años funcionando y eso nos da la falsa sensación de que siempre estuvo y que siempre estará. ¿Y si mañana decide cerrar? Todos nuestros esfuerzos, nuestros contactos, nuestras ventas, se irán con él. Sé que suena exagerado, pero es posible que suceda, y si no es un cierre, puede que continúe perdiendo popularidad y creo que estarnos mudando de una red social a la otra para estar «donde hay que estar» no vale nuestro esfuerzo.

Tampoco hay que aislarse

Las redes sociales son importantes como canales de comunicación y lo seguirán siendo. El desafío es encontrar el balance adecuado de esfuerzo, para tener control de nuestro contenido y todavía poder llegar a nuestro potencial público en las diferentes plataformas.

¿Y cómo hacemos un esquema de comunicación que de resultados? Si bien no tengo «la receta», porque cada quien tiene sus necesidades, su público y su manera de publicar, sí tengo un método que les comentaré con detalle en el próximo post.

¿Vos tenés un esquema de trabajo en cuanto a tu contenido? ¿Qué podrías recomendar? Te leo…
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